El Rey de la baraja

Mantenemos al miedo como el Rey de la baraja. Nos necesitan obsolescentes. Caída meteórica, partículas atravesando la noche de la conciencia. Nos necesitan consumistas. Nos necesitan lo suficientemente pobres como para consumir, para comprar nuestra cuota de libertad. Necesitan. Nos necesitan. Necesitamos que nos necesiten. Necesitan que los necesitemos. Conjugación de verbos que devoran desde la entraña, desde el infierno. Necesitamos gustar, ser deseados por encima del deseo. Necesitamos ser faro de la noche, nocturnidades y alevosías. Ser consumidos por nuestra hambre de olvido, por nuestra necesidad de no oler la mierda que nos rodea. ¿Te imaginas ser responsable de tu libertad? Decidir por ti. Sentir que tienes peso en el mundo. 

Somos cerdos en busca de rebosantes ubres, mientras la leche inunde la boca no importa lo que caiga en el transcurso de los días. Necesitamos tanto mirar para otro lado. Nos gusta tanto no responsabilizarnos de tanta muerte.

Aquel año dejaba caer la papeleta a la urna. Sentí plenitud. Creí que podría cambiar el mundo que me rodeaba. Es como si, con el peso de esa papeleta, la balanza cambiase de posición. Aquel mayo del 95 hablaba de tú a tú con la vida. Me sentí dueño de mis dedos.

Gustar por encima de todo. ¿Sabes lo que eso significa? Significa poner la atención en todo aquello que no tiene peso. Significa aceptar la obsolescencia como forma de vida, como hecho irrefutable, como sentencia de muerte, como invertir en algo que no dará productividad si pensamos en lo que nos cuesta y lo que nos dura. Dar por hecho. Significa dar la razón al consumo por encima de todo y todos. Significa que me importan más los seguidores de mis sonrisas que las decisiones que toman por mí. Significa votar por encima de un programa electoral, sólo somos seguidores de seguidores que consumen la estética de las formas, obviando el contenido de las mismas. Significa que me importa bien poco la media de 8500 niños y niñas que mueren de desnutrición al día. Significa que sólo me importa lo que me afecte a mí. Significa que la unidad familiar no son seguidores de mi causa. Significa que divide y vencerás, que sólo somos brizna movida por el viento. Que lo que entiendo que es mi conciencia, realmente es la consecuencia programada por un sistema podrido de podrir. Significa que los muertos de las pandemias ensombrecen los muertos que damos por hecho. Significa que el planeta nos importa una mierda. Miedo al miedo. Noticias apocalípticas que atentan contra las ubres que no queremos perder. Miedo como Rey de la baraja. Miedo a ser responsables de nuestra propia vida. Quebrados por la economía de la escasez que enriquece a unos pocos. Miedo.

Miedo a exigir un salario que no me lleve a consumir las ubres de los titanes que sumergen al mundo, en una globalización basada en la economía obsolescente. Miedo a elevar la voz por la mordaza de la política. Miedo al miedo de estar tan sólos que necesitamos rellenar los días con esas sonrisas que no cuentan nada. Mientras follemos la vida nos va bien. Qué bueno que los toques de queda duran más. Qué bueno que me permiten salir.

Miedo por encima del miedo. Miedo que se alimenta de miedo. Brechas salariales para aliviar el espanto. Desigualdad social para alimentarnos. Ubres. Cálidas. Repletas de noche, la noche de nuestra conciencia.

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Capítulo vigésimo de «El vuelo de las moscas».

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